El arte de leer

 

 

En los años sesenta, cuando yo estaba trabajando de aprendiz en el comercio de libros en una de las más grandes librerías de Alemania, había una norma: Sólo un cinco por ciento de la población de la República Federal de Alemania leía constantemente libros. Aunque encuestas representativas dan el resultado de que la actitud de leer de los Alemanes desde cincuenta años no haya variado mucho, la cuota habrá bajado bastante y hoy día supondrá un medio por ciento, refiriéndose a bellas letras y poniendo en cuenta, que los que leen mucho, aún leen más, mientras que los lectores ocasionales apenas se acercan a la literatura.

 

Desde siempre, libreros alemanes tenían la dudosa reputación de pertenecer a un club elitista, cuyos miembros están de acuerdo en vender todo lo que da beneficio, pero, sin embargo, personalmente se sienten obligados sólo a la poesía de alto nivel artístico, y desprecian a escondidas los clientes que prefieren la literatura ligera o trivial. Desde Goethe y Schiller esto se debe en buena parte a los escritores que quieren distanciarse despectivamente, al igual que los libreros, de aquellos colegas, a los que no les importa un carajo el contenido artístico, que, aplicando normas estrictas, finalmente atribuye a una obra literaria lo que merezca su nombre.

 

La disputa sobre cómo se define literatura de alto nivel y con que criterios se la puede distinguir de calidad inferior, de siempre ha sido mantenida en los países anglosajones mucho más relajada que en Alemania o quizás Francia. Alguien del ramo como yo, que es a la vez escritor y lector de las bellas letras, debería abstenerse de tomar partido. Sin embargo, la vida me ha enseñado que el camino del Parnaso al arroyo es bastante corto, y que escenas del arroyo pueden ser mucho más divertidas que tertulias de cafetería con amaneradamente aburridas conversaciones. En este sentido doy preferencia a una historia emocionante, quién jamás la haya escrito y que argumento la llene con vida, ante todas las obras que anhelan cumplir más o menos con las condiciones de alta poesía, y a cuyos promotores espirituales se les van los ojos detrás de premios literarios.

 

Tres de los protagonistas de Snakiestory devoran desde la infancia todas las novelas que caen en sus manos. Siendo adolescentes, se autoproclaman como triunvirato de incorruptibles jóvenes críticos. Ya saben diferenciar entro lo que es disparate literario o literatura seria, y entre lo que es un texto bien escrito o mal lenguaje. Naturalmente es que las opiniones llegan a ser un tanto subjetivas. Sin embargo, los tres tienen en común un infalible sentido de lo que es calidad, como alguien sólo puede desarrollarlo después de haber leído continuamente durante muchos años. Es el único camino de llegar a un sólido discernimiento, cuáles obras satisfacen las exigencias artísticas y universales.

 

En nuestra página web http://www.librarything.com/catalog/hbergander nos permitimos ofrecer a lectores interesados una pequeña selección, donde ellos pueden servirse con la certeza de encontrar exclusivamente buena literatura. También hemos añadido algunos autores favoritos. Lo que está velado en http://www.librarything.com/profile/hbergander por Sir Schnurrli. Esta criatura nos señala, por citar Claude Lévi-Strauss, que una charla esporádica con un gato nos facilita una más profunda comprensión que cualquier otra cosa. *

 

* Claude Lévi-Strauss, Tristes Tropiques, Collection Terre humaine, Plon, Paris 1955

 

 

 

 

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